|
WE ARE THE WORLD - Libro La magia, La locura, la historia completa.
pag. 320 En enero de 1985,
la gira Victory ya era historia. Aunque no había sido una experiencia
fácil, Michael encontró un
caldero de oro al final del arco iris: Chuck Sullivan le dio 18
millones de dólares, en efectivo, para desarrollar una línea de ropa.
Michael apenas había llegado a tener algunas prendas en las tiendas,
que no se vendieron, cuando Chuck entró en bancarrota y así se quedó
con los 18 millones.
Los Jacksons hicieron mucho dinero
con la gira Victory, aunque los promotores no podían decir lo mismo.
Cada hermano ganó unos siete millones, un sexto de lo recaudado una
vez deducidos todos los gastos. Michael donó su parte a la
beneficencia; sus hermanos gastaron la suya en un estilo de vida
fastuoso y, en pocos años, tuvieron que volver a trabajar. Michael no
volvió a salir de gira nunca más con sus hermanos, aunque ellos
repetidamente trataron de convencerlo de hacer "solamente una gira
más".
A su regreso a la casa de Encino,
una de las primeras cosas que hizo Michael fue subir al Mercedes-Benz
450 SEL negro de La Toya y salir a toda velocidad sin ningún guardia
de seguridad. Sencillamente quería un poco de libertad, ¡como si eso
fuera posible! Como siempre, había un par de decenas de fans en la
entrada, esperando a alguien que tuviera aspecto de Jackson. Nunca
soñaron que, de hecho, podrían echarle un vistazo a Michael Jackson.
Cuando lo vieron salir por el portón, subieron a sus coches y lo
siguieron en una frenética persecución. Michael trató de despistarlos,
pero fue en vano. Ya casi estaba en la casa de Quincy Jones, a
kilómetros de distancia, cuando el vehículo se quedó sin combustible.
Michael saltó del coche, dejándolo en medio de la calle, y corrió
algunas manzanas, mientras sus admiradores lo perseguían, hasta que
llegó a la casa de Quincy, donde halló refugio.
Tras la gira Victory, Michael se
involucró en We are the world, el histórico esfuerzo para alimentar a
los hambrientos de Etiopía. Durante algún tiempo, Harry Belafonte
había estado haciendo planes para reunir a las máximas figuras del
espectáculo con la finalidad de grabar un disco cuyas ganancias se
destinarían a una fundación sin fines de lucro, USA for África, para
alimentar a las masas famélicas. Además de proveer de alimentación de
urgencia, ayuda médica y programas de desarrollo sostenible a las
zonas damnificadas de África, la empresa también reservaba fondos para
mitigar la pobreza en Estados Unidos. Harry contactó con Ken Kragen,
un empresario del espectáculo con experiencia en ese tipo de campañas
para preguntarle si podía contar con el apoyo de sus clientes Kenny
Rogers y Lionel Ritchie en el proyecto. Kenny y Lionel, a su vez,
obtuvieron la colaboración de Stevie Wonder para añadirle más renombre
a la iniciativa. Lionel telefoneó entonces a Michael para pedirle que
participara en la grabación. Él respondió que no sólo quería cantar la
canción, también quería ayudar a Lionel a escribirla.
Michael
siempre había sentido empatía por las personas que padecían hambre,
desamparo y enfermedad, especialmente los niños. Frank Dileo ha
relatado muchas historias conmovedoras sobre la influencia de Michael
en los niños que están agonizando. Algo inexplicable en el interior de
Michael lo hacía capaz de llegar a los niños al borde de la muerte; su
presencia era como una especie de bálsamo. Era uno de los dones que
Michael más valoraba de sí mismo.
Por ejemplo, una noche, después de
un espectáculo, le trajeron a Michael a un niñito en una camilla que
sufría de un tumor cerebral y cáncer en la columna. Cuando le
acercaron el niño, Michael le cogió una mano y la apretó con fuerza.
El niño sonrió. Frank Dileo dio media vuelta y rompió a llorar. "No
teme enfrentarse al peor sufrimiento y logra encontrar allí, aunque
sea mínimo, algo positivo y hermoso", concluyó Frank.
Seth Riggs, el maestro de canto que
viajaba con Michael en las giras, recordaba: "Todas las noches venían
niños en camillas, tan enfermos que apenas podían levantar la cabeza.
Michael se arrodillaba al lado de las camillas y acercaba su cabeza a
la de ellos para que los fotografiaran juntos. Luego les regalaba una
copia para que recordaran el momento. Yo no podía soportarlo. Me iba
al baño a llorar. Los niños se animaban en su presencia. Si les daba
energía para que vivieran un par de días más, entonces, para Michael,
valía la pena".
Lionel Ritchie fue a Hayvenhurst
todas las noches durante una semana, y allí él y Michael se aislaban
en la habitación de este último para trabajar en la letra y las
melodías de We are the world. Querían lograr una especie de himno, una
canción que fuera tan fácil de cantar como memorable. Aunque Michael y
Lionel nunca lo han dicho públicamente, La Toya -que los vio trabajar-
afirma que Lionel sólo escribió un par de versos de la canción. Ella
sostiene que el 99 por ciento de la letra fue escrita por Michael,
"pero él nunca sintió que fuera necesario decirlo". La letra y la
melodía estuvieron terminadas para el 21 de enero de 1985, justo la
noche anterior a la sesión de grabación.
Mientras Michael y Lionel componían,
Ken Kragen se ocupaba de preparar el elenco estelar: Bruce Springsteen,
Tina Turner, Bette Midler, Billy Joel, Ray Charles, Diana Ross, Dionne
Warwick, las Pointer Sisters, Stevie Wonder, Cyndi Lauper, Willie
Nelson, Smokey Robinson, Bob Dylan y muchos otros, en total cuarenta y
cinco artistas. Otros cincuenta tuvieron que ser dejados de lado para
evitar que el proyecto se volviera demasiado engorroso y difícil de
manejar. Michael le pidió a La Toya que apareciera, y ella lo hizo.
(Apareció junto a Bette Midler.) Marlon, Jackie, Tito y Randy también
estuvieron allí.
Quincy Jones se tomó una pausa en la
producción de la película El color púrpura para producir y arreglar
(junto a Tom Bahler) el tema de Jackson y Richie en los estudios A&M
en Hollywood. Debido a que los premios American Music se habían
entregado esa misma noche, muchos de los artistas llegaron
directamente desde la fiesta. Lo primero que veían era un cartel fuera
del estudio A: "Por favor, dejen colgados sus egos en la entrada". Era
sorprendente que tantos artistas de tan diversos perfiles y renombre
individual fueran capaces de hacer eso: que no hubiera vanidades.
Diana Ross no pudo ocultar su entusiasmo y pidió autógrafos a las
otras estrellas. Las Pointer Sisters tomaron fotos de Michael. "Nunca
antes experimenté esa poderosa sensación de comunidad", observó Kenny
Logins.
Alrededor de las diez de la noche,
la reunión se volvió solemne. Ken Kragen se dirigió al grupo para
asegurarles a todos que el dinero generado por la grabación llegaría,
de verdad, "a los lugares que correspondían". Bob Geldorf, el líder de
los Boomtown Rats y organizador del evento benéfico musical British
Band Aid, del que salió el sencillo Do They Know It's Christmas?,
contó sobre sus visitas a Etiopía. Dos mujeres etíopes, cuya presencia
había sido concertada por Stevie Wonder, informaron sobre el horrible
sufrimiento en ese país.

Finalmente, Michael se dirigió al
conjunto de estrellas. Con mucha tranquilidad y un tanto torpemente,
explicó que la canción que Lionel y él habían compuesto era "una
canción de amor para inspirar preocupación sobre un lugar lejano cerca
de casa".
Las pistas de la música habían sido
grabadas ese día más temprano, de modo que sólo era cuestión de
realizar ajustes a la letra. "¿Debería ser brighter day (día más
brillante) o better day (día mejor)?", y de añadir las voces. Michael
les enseñó a los artistas la melodía y la letra -a la mayoría se le
habían enviado grabaciones de demos de la canción, tocada por Michael-
y trabajó con ellos en los arreglos vocales.
Si bien Michael Jackson era parte
esencial del proyecto, también quedó muy aislado de él. Mientras que
todos los demás presentes fueron filmados (por seis cámaras) cantando
We are the world, el solo de Michael fue grabado después, en privado,
y añadido a la versión final. En ningún momento se quitó las gafas de
sol. Alguna gente supone que eligió no grabar con el resto debido al
temor que le inspiraba cantar ante sus famosos colegas. Singularmente
perfeccionista, sentía que no podía actuar desplegando al máximo su
capacidad frente a ellos. Otros ofrecen una explicación más cínica: a
Michael le gustaba sentir que era distinto de todos y enfatizaba esa
diferencia erigiendo barreras entre él y sus fans, sus iguales y su
familia. Desde luego, en el vídeo de We are the world la toma de
Michael empieza con sus zapatos Bass Weejun y su marca registrada, los
calcetines de lentejuelas, y luego sube hacia arriba hasta su rostro
cuidadosamente maquillado, todo según las directivas del propio
Michael. "La gente sabe que soy yo nada más ver los calcetines -dijo,
orgulloso, y en eso estaba en lo cierto. Luego añadió con una
sonrisa:- "Traten de filmar los calcetines de Bruce Springsteen y
fíjense si alguien sabe a quién pertenecen".
La sesión de grabación y filmación
en vídeo llevó toda la noche. Quién cantaría qué y con quién fue
decidido un par de días antes por Lionel Richie, el productor Quincy
Jones y el arreglista Tom Bahler. Algunos de los interesantes dúos
fueron los de Tina Turner y Billy Joel, Dionne Warwick y Willie
Nelson, y, por supuesto, Diana Ross y Michael Jackson. El único
pequeño detalle que no resultó tal como estaba planeado fue el dúo
entre Michael y Prince. A Michael no le gustaba Prince, pero, siendo
un asunto de beneficencia, accedió a cantar con él. Sin embargo,
Prince no apareció. A las seis de la mañana siguiente llamó al estudio
para preguntar si podía ir y tocar una parte de guitarra. Quincy le
dijo que era demasiado tarde.
Hacia las siete y media de la
mañana, el trabajo estaba concluido y los artistas empezaron a irse.
"Michael estaba tan exhausto como todos -informó Jeffrey Osborne-. No
dijo mucho, tal vez algo acerca de que estaba muy contento, pero se
notaba que estaba encantado". "Esperaba ver más vanidades en acción
-informó Paul Simon-. El Enguantado se encuentra con El Jefe y cosas
por el estilo, pero sencillamente no ocurrió."
"Simplemente, desearía que esta
noche no terminara nunca", dijo Diana Ross al abrazar a Tina Turner.
Todos los participantes en la sesión
de grabación de We are the world parecían compartir los sentimientos
de Diana. El espíritu suave, elevado, que tiene la canción también
alcanzó a las emociones del público cuando finalmente fue puesta a la
venta. La partida inicial de 800.000 discos se agotó en tres días. La
canción fue número 1 en Estados Unidos durante un mes, y también pasó
un par de semanas en el primer puesto en el Reino Unido, así como en
otros países. El vídeo de We are the world se adecuaba muy bien al
espíritu benevolente de la iniciativa y ayudó a vender en total cuatro
millones de discos, lo que generó unos ocho millones de dólares para
el fondo USA for Africa.

|